Un evento como el terremoto de Turquía y Siria nos hace reflexionar sobre las medidas preventivas y de gestión operativas, con el objetivo de reducir los riesgos, utilizando medios tecnológicos y científicos y las experiencias compartidas para estos casos de desastres naturales, y de esta forma lograr reducir la intensidad del impacto sobre la población.
Es una alerta ineludible a la reflexión y nos deja una tarea para realizar de cara a autocuestionarnos qué no hemos hecho bien, qué nos falta por hacer, dónde están las fallas, cómo está toda la logística de gestión en caso desastre y emergencia y con qué contingencia contamos.
Para responder estas interrogantes debemos manejar por los menos algunos conceptos sísmicos para poder dar respuestas que aporten ante estos siniestros.
Uno de estos conceptos es la aceleración sísmica, que es una medida de intensidad que mide directamente los efectos que tuvieron las ondas sísmicas en la superficie terrestre. O sea, los efectos que produce el terremoto sobre las personas, los objetos, las edificaciones y el terreno, varía de acuerdo al lugar, a la distancia del lugar y el hipocentro; la composición del suelo influye en la intensidad, como por ejemplo las rocas sedimentarias hacen que la intensidad sea mayor. En el caso de suelo con rocas ígneas, la intensidad sería menor.
La magnitud es un concepto que se confunde mucho con la intensidad. La magnitud se refiere a la cantidad de energía liberada por el terremoto y generalmente se utiliza la escala de magnitud Richter. La magnitud del terremoto siempre será la misma, independientemente de la localización y la profundidad; o sea que el terremoto fue de 7.5 para todas las localidades afectadas, a diferencia de la intensidad que posee valores distintos, dependiendo del foco del terremoto (hipocentro, que es el origen en profundidad del terremoto) y de la cercanía de las localidades al epicentro (que es el punto vertical del foco del terremoto en la superficie terrestre).
Estos conceptos básicos nos dan los elementos para que, en los diseños, los permisos de edificaciones tomen en cuenta la aceleración sísmica y, en los casos que no esté contemplada, se incluya en las normas y sobre todo en áreas de fallas geológicas y que son propensas a estos eventos sismológicos.
La corrupción es otro de los problemas y prueba de ello son las 110 órdenes de detención por construir con negligencia, según el vicepresidente turco Fuat Okay. La prevención empieza en la fase primaria de la construcción.
Los terremotos de Turquía y Siria ocurrieron el día lunes 7 de febrero del 2023, el primero a las 4:17 a.m., con magnitud de 7.7, y nueve horas más tarde el otro, de 7.6 en la escala de Richter, acompañados de otras 312 réplicas, donde algunas llegaban a 6 en la escala. Unos 5,600 edificios se desplomaron en su totalidad, según la Agencia Turca de Gestión de Desastres y Emergencias y, según la agencia, hasta el día 16 de febrero han perdido la vida 39,875 personas, mientras que 108,000 están heridas; hasta ahora, 380,000 son desplazados. La ONU estima que pueden haber sepultados entre los escombros cerca de 130,000 personas. Todo esto nos indica la intensidad del desastre.
El primer elemento a tomar en cuenta es que esa área esta sobre una falla muy importante, la Anatolia, que esta al norte y al oeste, cuya parte comparte con Siria, en la que ha habido antes del terremoto cerca de 22,000 sismos, que la convierten en un área sismológica importante.
Otro factor es el tipo de materiales usados para construir, los tamaños de los edificios, los diseños y su peso, de acuerdo al área con relación a la aceleración sísmica.
El autor es magíster en ciencias del medio ambiente en evaluación y prevención de riesgos industriales, con especialización en gestión y evaluación de riesgos ambientales y seguridad industrial