El desarrollo de la sociedad humana moderna se sustenta sobre la base del conocimiento, sus aplicaciones y su transferencia; así diseñamos el futuro con base al cambio, a la mejora, a la evolución permanente.
El rol fundamental de generar y usar el conocimiento ha sido conducido desde las academias, o sea, desde las escuelas antiguas y, después, desde las universidades modernas. Desde los claustros académicos se ha producido el grueso del acervo humano del conocimiento, a la par que dicho conocimiento se transmite, ampliado, a las nuevas generaciones humanas, en un proceso vivo y permanente.
Desde el siglo XIX y, especialmente en el siglo XX, se establecieron las academias nacionales de ciencias, en la mayoría de los países del mundo. Según la Wikipedia, “una academia de ciencias… es una sociedad científica o institución académica, generalmente (con apoyo) estatal, cuyo rol es el de promover la investigación científica, a la par que con regularidad organiza encuentros y reuniones entre científicos, para intercambiar ideas y debatir sobre distintos aspectos vinculados con las ciencias y el avance científico”.
En muchos casos los miembros de las academias de ciencias provienen de universidades, designados como académicos nacionales de ciencias. Personas que deben poseer un expediente relevante de aportes científicos e investigativos, junto a una amplia experiencia docente y formativa, méritos en gestión institucional y, adicionalmente, probados valores ciudadanos.
Panamá no ha sido ajena a este proceso universal. Nuestro desarrollo científico-técnico nacional ha sido irregular y relativamente discontinuo. En 1935, por iniciativa del padre de la química panameña, el Dr. Guillermo Patterson (y con el firme apoyo del gobierno nacional de aquel entonces) se creó la primera Academia Nacional de Ciencias, desde el seno de la Universidad de Panamá (UP). La falta de apoyo y diversos factores hicieron que esta primera academia (y su patente fundacional) se extinguieran, pasadas unas décadas.
Nuestra primera universidad (aún y siempre, prima inter pares) creada en nuestra etapa republicana, fue y es la Universidad de Panamá. Por muchos años fue el único centro generador de saber en el país, cumpliendo sus funciones de generar conocimiento básico y aplicado, transmitirlo a nuevas generaciones de profesionales formadas en su seno y difundirlo al resto de la sociedad, además de ser el nicho principal del pensamiento crítico nacional y del proceso de fortalecimiento y defensa de nuestra nacionalidad y de nuestra soberanía. Hoy, es el principal y más grande centro generador, reproductor y difusor del saber en Panamá.
En 1931, las sociedades científicas del mundo se coaligaron para establecer el Consejo Internacional de Sociedades Científicas o ICSU. La Universidad de Panamá ingresó como miembro desde sus inicios y mantuvo esa representación hasta el año 2018, cuando el ICSU se fusionó con el Consejo Internacional de Ciencias Sociales (ISSC) para formar un ente único global: el Consejo Internacional de Ciencias (ISC), del cual la UP es organismo nacional representativo y miembro fundador.
Consciente de la situación peculiar de no tener Panamá su Academia (es el único país del continente que no tiene) y cumpliendo con su responsabilidad histórica hacia la sociedad, desde hace un par de años la Universidad de Panamá (con el apoyo técnico del International Science Council o ISC) inició un proceso de análisis integral de cara a la convocatoria para la conformación de nuestra Academia Nacional de Ciencias, lo cual incluye una serie de pasos organizativos y de procedimiento, junto al ISC. Este proceso, que incluyó tres acciones junto a especialistas delegados del ISC global, está muy avanzado, prácticamente concluido.
Por derecho propio, correspondería a la Universidad de Panamá convocar la conformación de la Academia Panameña de Ciencias (la primera academia nació dentro de la UP, la UP es el centro de investigación científica más diverso, grande y productivo de nuestro país y la UP es el miembro pleno representante de Panamá dentro del International Science Council). Pero nuestra Academia Nacional de Ciencias puede ser propuesta como una iniciativa conjunta de nuestras cinco universidades estatales, coaligadas en el Consejo Nacional de Universidades Públicas.
Producto de esta labor interuniversitaria y con el apoyo del Gobierno Nacional, deberá constituirse prontamente nuestra Academia de Ciencias de Panamá, instituida como un ente académico interinstitucional, de alcance nacional, independiente, de tipo no gubernamental y sin fines de lucro, voz de la ciencia panameña y agente social relevante de nuestra sociedad civil. Con ello, Panamá dará un firme paso adelante, necesario y largamente esperado, hacia el verdadero desarrollo social sustentable, hacia el futuro.
El autor es bioquímico y Profesor Invitado de la División de Investigación y Posgrado, Universidad de Panamá.