Yanibel Ábrego hará historia. Llegó a la Asamblea Nacional en 2009 como diputada independiente por el área de Capira, pero solo unos meses después, en enero de 2010, ya era una soldado más del ejército de Ricardo Martinelli.
Es lógico que el expresidente la quisiera a su lado, ya que Ábrego había logrado vencer a los candidatos de los principales partidos políticos en el circuito 8-2. “Yo financié mi campaña política, yo le gané al Partido Revolucionario Democrático, al panameñismo y a Cambio Democrático, que era una maquinaria política en ese entonces. Eso se logra con billete y carisma…..”, le contó Ábrego en 2012 a la periodista de este diario Ereida Prieto, quien investigaba una extraña titulación de tierra.
El trabajo periodístico destacó un dato revelador: el cambio de partido político se produjo después de que la Autoridad Nacional de Tierras autorizara la venta de un privilegiado terreno frente al mar en Majagual, a cuatro centavos el metro cuadrado; la misma tierra que la diputada había intentado titular sin éxito desde 2004. Después vendría la compra en baratillo de más tierra estatal. Eran los tiempos de Anabelle Villamonte, Juan Hombrón y los locos en el poder.
Durante los años de frenesí, que tenían asustados hasta a quienes hoy son sus más cercanos colaboradores en la Asamblea, la diputada Ábrego supo moverse como pez en el agua. Era una perfecta militante del cambio, con abundantes recursos para utilizar en su circuito y garantizar así su reelección. Volvió a la Asamblea Nacional en 2014 sin problemas, aunque su partido perdió la Presidencia de la República.
Pero la lejanía de las mieles del poder fue breve para la diputada Yanibel Ábrego. En el tercer período de sesiones de la Asamblea, fue elegida segunda vicepresidenta de la directiva. Fue un momento clave de la reciente historia legislativa, ya que los recursos disponibles para las planillas que están ahora en el ojo público y bajo fiscalización de la Contraloría, aumentaron escandalosamente al llegar el diputado del PRD Rubén de León a la presidencia de la Asamblea Nacional.
Más tarde, cuando Ábrego fue elegida presidenta del Órgano Legislativo y el dinero disponible seguía aumentando gracias a la generosidad del Ejecutivo, tuvo el detalle de agradecerle a su compañero de directiva sus enseñanzas en el discurso de toma de posesión. “…esta responsabilidad me permitió colaborar con el presidente Rubén de León y entender el complejo carácter de la institución…”.
Todo indica que la alumna superó al maestro con creces. No solo mantuvo la negativa a dar la información sobre las planillas que le pedían los periodistas, siguiendo la pauta establecida por el diputado De León, sino que dio un paso más al intentar anular la Ley de Transparencia mediante un recurso de inconstitucionalidad. Con esta estrategia pretendía evadir las sanciones que establece esa norma para los funcionarios que ignoren, como ella, la obligación de proporcionar la información.
Posteriormente, presentó ante la Corte Suprema de Justicia un amparo de garantías contra la actuación de la Contraloría y, finalmente, esta semana hizo desalojar de la Asamblea a los funcionarios de la Contraloría que analizaban la documentación relacionada con los nombramientos y contratos. La expulsión forzada estuvo acompañada de la retención de la documentación que da cuenta del atraco a la nación cometido por los “honorables”. ¡Una mujer de armas tomar!
Curiosa historia que llevó a la diputada Ábrego a la presidencia de la Asamblea originalmente con los votos de la bancada panameñista, a la que no dudó en abandonar para constituir una nueva mayoría con sus nuevos, y viejos, amigos de ruta. No hay duda de que se trata de una digna hija del cambio.
En esta historia hay demasiados malos y múltiples cómplices. No se salva nadie. Y justo por eso, es preciso profundizar la crisis hasta que toda la podredumbre salga. El contralor Federico Humbert debió auditar las planillas desde el inicio del período y no lo hizo, permitiendo el crecimiento del monstruo. Sin embargo, eso no importa ahora. Lo importante es que profundice lo que ha iniciado.
La política criolla está gravemente enferma y debemos centrarnos en el rendimiento de cuentas de todos. La presidenta de la Asamblea Nacional, Yanibel Ábrego, es solo una muestra de lo que produce el sistema clientelar alimentado con el presupuesto estatal y sin ideología alguna. Sus nuevos compañeros de camino, hoy borrachos de descaro, sufrieron el garrote de Ricardo Martinelli, pero parece que ya lo olvidaron. Todos han olvidado que estuvimos al borde del abismo, y ahora nos están conduciendo nuevamente a él.
La autora es periodista, abogada y presidenta de la Fundación Libertad Ciudadana (Capítulo de TI)