Sólo un día después de convertirse en el primer cardenal panameño, José Luis Lacunza, concelebró la misa dominical con el Papa y con otros más 160 purpurados en el templo católico más grande del mundo, la basílica de San Pedro.
Francisco no quiso que los nuevos cardenales regresaran a su diócesis sin dejarles claro cuál debe ser su hoja de ruta, ahora que forman parte del exclusivo grupo que elegirá al próximo cabeza de la Iglesia católica. De los 20 nuevos purpurados, provenientes de 18 países, solo 15 son electores por ser menores de 80 años, entre los que está Lacunza. Sólo uno de ellos, el colombiano José de Jesús Pimiento, de 95 años, no pudo asistir a la ceremonia por motivos de salud.
Durante la vigorosa homilía, el pontífice argentino exigió a los purpurados que actúen con decisión ante injusticias y que no se queden “mirando de forma pasiva el sufrimiento del mundo”.
Para Francisco, los que no están con los excluidos se aislan “en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial” y tienen una mentalidad “auto-limitada por los prejuicios” que les impide salir de su “propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las periferias de la existencia”.
Ataviado con el solideo rojo púrpura, Lacunza escuchó al Papa sentenciar que la Iglesia católica del siglo XXI solo es creíble si se sitúa al lado de los marginados de la sociedad.
El mensaje del Papa es claro y directo. No los ha elegido para que se pavoneen con el poder y el dinero, sino para imitar sin miedo la “compasión” de Jesús y servir a la Iglesia universal.
Para el presidente panameño, Juan Carlos Varela, que hoy completa su agenda con una reunión con el primer ministro italiano, Matteo Renzi, Lacunza representa esa Iglesia “pobre y para los pobres” que persigue Francisco.
Lacunza participó esta semana en las reuniones cardenalicias para conocer de cerca el giro de timón en la barca de Pedro que impuesto Francisco y que tiene como meta la descentralización del poder central de la Curia romana y la simplificación de organismos vaticanos.
Sabe que a partir de ahora le tocará ir más al Vaticano y que podría ser que el Papa le confiara directamente la responsabilidad de alguno de los organismos de la Curia. “Sé que tengo que estar ahí, al servicio del Papa y a lo que el Papa me pida”, comentó el sábado después de la ceremonia que le convirtió en el primer cardenal panameño.