Es difícil imaginar cuál es el papel que la historia le tiene reservado a Winston Spadafora. Los últimos veinte años de la vida nacional han sido atravesados por el recorrido zigzagueante de este hombre, que emergió al mundo político clamando justicia por el asesinato de su hermano, Hugo, y que hoy es uno de las magistrados más polémicos de la Corte Suprema.
A ver, ¿en qué piensa cuando le hablan de Winston Spadafora? ¿Recuerda sus protestas por el crimen de Hugo, su huelga de hambre? ¿Piensa en el primer ministro de la ex presidenta Mireya Moscoso, en la rebaja de pena que suscribió al narcotraficante David Viteri? ¿O quizá intenta explicarse por qué un fallo del Spadafora magistrado –Winnie para los amigos– suspendió el proceso de cobro de 2 millones de dólares que la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) le reclamaba al empresario Jean Figali?
A la sombra
Antes de la decapitación de su hermano –cuyo cuerpo apareció diezmado en Costa Rica el 13 de setiembre de 1985– Winston Spadafora era un abogado poco conocido de Chitré.
Su padre, Carmelo, trabajó duro para que sus hijos pudieran estudiar. Hugo se recibió de médico y Winston, de abogado. Ambos estudiaron en la Universidad de Boloña, en Italia. Al regresar a Panamá, Winston se radicó de nuevo en Chitré y montó allí su propia firma legal, en sociedad con Arnulfo Escalona –padre del homónimo ex ministro de Moscoso–, un viejo caudillo de la "ciudad que crece sola".
En ese bufete también trabajó Alberto Cigarruista, hoy compañero de Winston en la Corte. Ni siquiera el más optimista de los que visitaban esas oficinas podía suponer que desde allí saldrían nada menos que dos de los nueve magistrados de la más alta corporación de Justicia.
Con el tiempo –y dado el acercamiento de Hugo al proceso torrijista– Winston consiguió algunos trabajos en la administración pública. Fue abogado de la Caja de Seguro Social, del Banco Nacional y hasta lo nombraron asesor legal del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, que entonces tenía su sede en Santiago.
No fue hasta el asesinato de Hugo que todo Panamá conoció la existencia de ese hombre de ojos claros, uno de los primeros "civiles" –no político– que se animaba a desafiar públicamente el poder total de Manuel Antonio Noriega.
La lucha de "los Spadafora" mutó en causa nacional. Poco a poco, el hermano de Hugo se convirtió en personaje central de la vida política nacional y su nombre comenzó a tener su propio peso. Tan es así que Arnulfo Arias lo sumó a su grupo de amistades y hasta lo visitó durante la huelga de hambre que Winston sostuvo durante 20 días –en 1985– pidiendo justicia por la muerte de su hermano.
La legitimidad de su reclamo y la entereza con la que enfrentó al gobierno militar lo terminaron catapultando –pese a sus vínculos históricos con el PRD– hacia el panteón blanco de la Cruzada Civilista.
Luego de la invasión, en diciembre de 1989, Spadafora se encontró profundamente conectado con las familias más poderosas de Panamá. Su carrera profesional tomó vuelo. También otra relación, cultivada en los días de lucha, terminaría siendo trascendental en su futuro: su amistad con Mireya Moscoso.
Winston, al gobierno
Luego de la victoria de Ernesto Pérez Balladares –en 1994– el Arnulfismo ingresó en un proceso de renovación. La entonces Mireya de Gruber profundizó su liderazgo interno y nombró en el directorio del Partido a varios hombres de su confianza. Así fue como se cristalizó la parábola política que llevó a Spadafora desde el PRD hacia el Arnulfismo. Un camino cimentado más por las relaciones personales que por las convicciones políticas. Alvin Weeden –el hoy ex contralor– lo acompañó en ese ingreso triunfal al corazón del poder Panameñista.
Spadafora se convirtió en hombre central en la vida de Moscoso. Es más, ella lo eligió como jefe de campaña de cara a las elecciones de 1999. "Ese puesto es el más importante en toda campaña porque es el verdadero poder: maneja la caja y, mientras el candidato se saca fotografías, el que toma decisiones es el jefe", explica un veterano político que conoció la intimidad del gobierno arnulfista como pocos.
Luego del triunfo de Moscoso –contra todo pronóstico– Spadafora fue uno de los dirigentes más activos en la arquitectura del nuevo gobierno. Fue designado ministro de Gobierno y Justicia, un puesto sensible como pocos.
Sólo alguien de extrema confianza puede conseguir este cargo, del que dependen la Policía, las cárceles, Migración, los servicios marítimo y aéreo, entre otros.
Precisamente, fue durante su gestión al frente de este ministerio que Spadafora volvió a las portadas de los diarios. Aunque esta vez su rol ya no era ni el de héroe ni el de un mártir: los medios cuestionaban sus decisiones como ministro. Sobre todo dos: el misterioso hundimiento del helicóptero HP-1430 –en el que viajaban personas muy cercanas a la Presidenta– y los indultos y rebajas de pena que suscribió para algunos reclusos ya condenados, entre los que estaba David Viteri. Vale recordar que la entonces jefa del Servicio Penitenciario, Concepción Corro, era una vieja colaboradora de Spadafora.
Fue así como su imagen pública, impoluta hasta esos días, comenzó a resquebrajarse. Pero hay que aclararlo: Spadafora jamás dejó de cultivar su perfil de galán maduro. Pasaba largas horas en la cafetería del último piso del exclusivo almacén Figali, que estaba en Vía España. Allí se vestía y desde allí también salieron algunos de los vestidos más elegantes que Mireya Moscoso utilizó durante su Presidencia.
Camino a la Corte
Cuando a finales de 2001 trascendió que Winston Spadafora era uno de los dos candidatos oficiales a la Corte Suprema de Justicia, la tempera-tura política panameña se puso al rojo vivo. Tan es así que el 9 de enero –Día de los Mártires– de 2002, cuando fue ratificado como magistrado, el escándalo se apoderó del pleno de la Asamblea.
"Qué fecha han elegido los fariseos para traicionar: el 9 de enero. A partir de hoy el luto será doble", lanzó el entonces legislador del PRD Héctor Alemán, ahora sentado en el mismo sillón de Gobierno y Justicia que alguna vez fue de Spadafora.
"No vamos a tener en la Corte a quien autorizó la rebaja de pena de 379 narcotraficantes condenados, a quien tiene responsabilidad, en calidad de superior, del hundimiento a tiros del helicóptero HP-1430", denunció Alemán, mientras el recinto se transformaba en una caldera hirviendo.
"Estoy en contra de la ratificación de Winston Spadafora porque es producto de la arbitrariedad, de los antivalores, del chantaje y la coerción", sentenció luego Pedro González, haciendo pie en los rumores sobre corrupción que anidaron en la Asamblea. En esa votación sucedió algo imprevisto: tres legisladores del PRD –Carlos Afú, Tomás Altamirano Duque y Carlos Alvarado– decidieron votar contra la línea de su partido, dándole así al gobierno arnulfista los votos necesarios para ratificar a Spadafora y haciendo estallar en pedazos el Pacto Meta que le permitía al PRD –junto con el entonces Partido Demócrata Cristiano– el control de la Asamblea.
"Spadafora, no te tengo miedo", explotó la hoy ministra de Vivienda, Balbina Herrera, entonces legisladora. "Esos que están en la cárcel de Tinajitas no tienen para pagar, pero a los que les diste la libertad con la firma de la Presidenta y tú, como ministro, sí tenían para pagar 30 mil dólares por la solicitud de cada uno que salió a la calle", gritó Herrera, imparable.
Sin embargo, a pesar del pataleo, Spadafora ganó la pulseada y llegó a la más alta magistratura de la justicia panameña. "Martín Torrijos fue un ingrato por no apoyar la ratificación de Spadafora", explica Fernando Núñez Fábrega, amigo del magistrado.
"Era lo menos que podía hacer en honor a la relación que él tuvo con Hugo, quien lo cuidó en su viaje a la Nicaragua sandinista", analiza Núñez Fábrega. Vale recordar que Torrijos pasó su infancia en Chitré y su familia materna –los Espino– tenía trato cotidiano con los Spadafora.
En los días de su ratificación, el magistrado se defendió de todas las acusaciones diciendo que eran manipulaciones políticas. Negó haber tenido relación con el helicóptero hundido y defendió las rebajas de pena afirmando que eran decisiones amparadas en la Constitución Nacional.
En los corrillos judiciales comenzaron a llamarlo "el impedido", pues no iba a poder actuar en muchas de las causas que llegarían a sus manos por su estrecha relación con el Gobierno. En esos casos, todo quedaría en manos de Jacinto Cárdenas, su suplente.
Lo que pocos saben es que Spadafora y Cárdenas no sólo eran amigos –ambos estudiaron en Boloña– sino que también habían sido socios. Compartían el bufete Spadafora, Cárdenas & Marcucci.
Lo cierto es que a tres años de su nombramiento, Spadafora continúa en la Corte Suprema, uno de los estamentos del Estado con peor imagen ante la opinión pública. Su mandato vence en el 2011. A 20 años de la muerte de su hermano, ríos de tinta siguen corriendo en torno a su polémica figura.
CRONOLOGÍA DE UN ASCENSO
. 1985: Asesinan a su hermano Hugo y sus protestas lo convierten en un hombre público.
. 1999: Jefe de campaña de Moscoso. Winston y sus dos hijos son nombrados en el gobierno.
. 2001: En noviembre, renuncia al cargo de ministro de Gobierno.
. 2002: Es ratificado como magistrado de la Corte Suprema.