La visita de George W. Bush a Panamá reactualizó la discusión y convocó una vez más el conflicto latente de los viejos polígonos de tiro y bombardeo, ubicados en las riberas del Canal. Nadie ha podido decir cuándo se limpiarán y, luego de 14 meses del ascenso de Martín Torrijos al poder, tampoco se sabe cuál es su estrategia de negociación.
Los polígonos contaminados, incluso, amenazan con complicar la ampliación del Canal, pues algunas zonas por donde pasaría el trazado están cerradas por este peligro.
En los casi 100 años que duró su presencia en Panamá, Estados Unidos participó de dos guerras mundiales y en otras muchas de menor intensidad. En ese tiempo, su industria bélica desarrolló distintas generaciones de armas, muchas probadas en las 12 mil hectáreas de los polígonos de Emperador, Balboa Oeste y Piña.
El número de civiles panameños muertos por el contacto con estos residuos en los últimos 20 años, según el Centro de Estudios y Acción Social Panameño, asciende a 27.
Según el Tratado de 1977, Estados Unidos debe, "hasta donde le sea viable", remover toda amenaza. Washington afirma que limpió lo que se pudo y que el resto es imposible por lo selvático del terreno. Históricamente, Panamá ha rechazado esta postura.
La ministra de Vivienda, Balbina Herrera, dijo que antes que reclamar hay que fortalecer la relación con Estados Unidos para que después se discuta "como familia".
Lo cierto es que Bush pisa suelo panameño y esta Administración no parece haber hecho esfuerzos para incluir el tema de los polígonos en la agenda de la visita.
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