El martes 22, en mi rutina matutina de leer el periódico, vi en La Prensa que al día siguiente empezaría el Hay Festival versión Panamá (Hay Fórum Ciudad de Panamá 2024). Meses antes había leído que, por primera vez, este famoso festival de origen galés incluiría dos días en nuestro país. No había sabido más nada hasta que lo vi anunciado para el día siguiente. Brinqué a buscar boletos y alcancé a comprar solo los que pude.
Si bien es cierto que la recién estrenada versión panameña del festival no abarcaría aún las luminarias que se ven en Cartagena -este año con dos premios Nobel- para mí era suficiente saber que escritores que había leído ya y de cuyos libros había disfrutado enormemente estarían aquí para relatar su historia y conversar sobre los grandes temas de la literatura, la historia y la actualidad.
Una pareja emblemática de Panamá, mucho más inteligentes y enterados que yo, habían decidido trasladarse al Casco Viejo para aprovechar los dos días completos de las joyas que se iban presentar durante el encuentro. Estaban inmensamente felices con su decisión.
Pudieron empezar desde la mañana, mientras que para nosotros no fue hasta las 5 de la tarde que tuvimos nuestro primer encuentro con Andrea Wulf, autora de La invención de la naturaleza, el fascinante libro sobre Alexander Von Humboldt, cartógrafo importantísimo, y el primer científico en alertar sobre el cambio climático, en pleno siglo XIX cuando no existía ningún concepto o preocupación semejante.
Interesante imaginarse cómo en aquella época Humboldt se había dado cuenta de la importancia de los ecosistemas al ver cómo los misioneros religiosos instalados en los monasterios de la región habían alterado la cadena alimenticia de los indígenas y la flora y fauna del lugar por usar el aceite de los huevos de tortuga como combustible para sus lámparas.
De este interesante relato, aprendimos también sobre la relación personal de Humboldt con Bolívar y cómo éste se basó en los mapas elaborados por Humboldt para conocer la geografía de su país de nacimiento y de todo lo que después llegó a ser la Gran Colombia, y que también le habrán servido de guía a bordo del Chimborazo para llegar al Perú.
Al día siguiente, nos esperaba lo que para mí, sería el plato fuerte: Juan Gabriel Vásquez y su conversatorio sobre el papel del narrador en la creación literaria. Gracias a las sagaces preguntas de Olga de Obaldía, nos enteramos cómo la idea y el relato de la obra surgieron de una conversión casual con un amigo, durante la cual se dio cuenta que su niñez “normal” colombiana, distaba mucho de la de su amigo, el cineasta Sergio Cabrera.
Increíble que en Colombia pueda existir una ideología tan marcada, como para que el padre de Sergio, maoísta furibundo, decidiera llevarse a sus dos hijos a China para que crecieran bajo el indoctrinamiento de la Revolución Cultural hasta llegar a convertirse en Guardias Rojos, algo bastante inverosímil para alguien de un país consumista como Panamá, donde la ideología ocupa un muy lejano segundo plano.
Cerramos nuestra breve exposición al Festival con el libro de Simon Sebag Montefiore sobre las familias influyentes de la humanidad, un formidable recorrido que empieza con las primeras migraciones, pasando por Panamá y por casi todos los países del mundo, y terminando con la que llamó la familia más peligrosa del planeta, la única que cuenta con un arsenal de armas nucleares, la familia Kim de Corea del Norte.
Sebag Montefiore fue presentado por la encantadora Guillermina De Gracia, panameña, profesora de Historia de la Universidad de Barcelona, armada con suficientes conocimientos del tema como para darle al evento un tono divertido, que nos hizo reír a todos y que, sin duda, puso de buen humor al reconocido autor, bestseller del New York Times.
Relato aquí los que conocí y me lamento de los que no pude conocer por no haberme enterado antes para poder hacer como los señores que se instalaron en el Casco para saciar un poco de la sed de conocimiento de la que hemos venido padeciendo todos y que, exagerando un poco, resulta casi tan dramática como la falta de agua del Canal.
No sé a quién le tengo que dar las gracias por nutrirnos por dos días seguidos con estas enriquecedoras charlas, pero dejo esto como testimonio de lo importante que fueron para todos los que tuvimos la suerte de asistir. Ojalá se repita el otro año, retroalimentado ya por la buena acogida que tuvo en Panamá.