Mario Vargas Llosa, situado, como siempre, en el primer plano de los medios de comunicación, ha estado Como pez en el agua desde que fue candidato a la presidencia del Perú, cotejo que en aquella ocasión ganó Alberto Fujimori.
Esta vez, después del Premio Nobel y de múltiples galardones por todo el mundo y en todos los idiomas, cuando el límite era el cielo y era el momento para eternizar La orgía perpetua (con su particular y renombrada Madame Bovary), recibió un ataque artero desde La ciudad y los perros, hasta el punto que lo que en un principio iba a ser La fiesta del chivo terminó siendo La guerra del fin del mundo.
El hablador, entre dimes y diretes, entrevistas, ruedas de prensa, intervenciones de los familiares, más que una simple Conversación en la catedral, lo que hizo fue destapar a Pantaleón y (sobre todo) las visitadoras. Y hoy, más que nunca, en un país convulso, tiene validez la pregunta que angustiosamente, alguno de Los cachorros pudo preguntar en Los cuadernos de don Rigoberto:
- ¿En qué momento se había jodido el Perú, Zabalita?
La tía Julia y el escribidor tuvieron su momento de luna de miel, como La chunga, y, viendo las cosas de manera fría y estática, concluimos en que la Historia de un deicidio se concretó, sí, pero únicamente en La casa verde, mirando desde Arequipa, sin Los jefes y, bien de malas, con Lituma en Los Andes.
El autor es novelista y médico